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Ontañón Contrebia Tempranillo Blanco con arroz de mariscos en una terraza de Rioja

Ontañón Familia: cuatro generaciones para recorrer Rioja, Rueda y Ribera del Duero

Una familia puede contar su historia a través de apellidos, fotografías y lugares. La familia Pérez Cuevas también la cuenta mediante viñedos. Desde Quel, en Rioja Oriental, cuatro generaciones han construido una manera de entender el vino que hoy se extiende por Rioja, Rueda y Ribera del Duero.

Ese recorrido no responde a una fórmula única. Ontañón, Queirón y Rippa Dorii ocupan territorios distintos y persiguen expresiones propias. Lo que los mantiene unidos es una cultura familiar: partir del viñedo, respetar el origen y permitir que la crianza acompañe al vino sin borrar el paisaje que lo hizo posible.

El origen está en Quel

Quel se encuentra al pie de la Sierra de Yerga, en Rioja Oriental. Allí comenzó el proyecto originario de la familia y allí permanece una parte esencial de su memoria vitícola. Gabriel Pérez y Mari Luz Cuevas, junto con sus hijos Raquel, Leticia, Rubén y María, dieron continuidad a una relación con la vid que ya suma cuatro generaciones.

La historia de Ontañón Familia explica cómo esa raíz se transformó en varios proyectos. Bodegas Ontañón representa el comienzo; Queirón profundiza en los viñedos y la memoria de Quel; Rippa Dorii lleva la mirada familiar hacia Ribera del Duero. En Rueda, la familia explora la identidad de la Verdejo desde otro clima y otra tradición.

Ontañón y el Templo del Vino

En los años noventa, Ontañón estableció en Logroño una bodega museo conocida como el Templo del Vino. Escultura, pintura, mitología y crianza comparten el espacio gracias al diálogo entre Gabriel Pérez y el artista riojano Miguel Ángel Sáinz.

El arte no funciona como decoración ajena al vino. Expresa una idea central de la familia: cultivar y elaborar también son formas de producir cultura. Las etiquetas, los nombres y los espacios de la bodega buscan conectar la botella con una historia que comienza mucho antes de abrirla.

Contrebia y la singularidad del Tempranillo Blanco

Contrebia pertenece a la Colección Insólitos de Ontañón y está elaborado con Tempranillo Blanco. Esta variedad surgió como una mutación natural del Tempranillo tinto detectada en Rioja a finales de la década de 1980. Su incorporación a la denominación amplió el repertorio blanco de una región que muchas veces se cuenta solamente a través de sus tintos.

El nombre alude a Contrebia Leucade, un asentamiento celtíbero de Rioja Oriental donde se han encontrado antiguos vestigios relacionados con la elaboración de vino. En la copa, fruta de hueso, cítricos y una sensación fresca permiten acompañar arroz con mariscos, verduras a la parrilla, pescados o quesos jóvenes.

Ver Ontañón Contrebia Tempranillo Blanco 2023

Queirón, una lectura íntima de Rioja Oriental

Queirón vuelve a Quel y reduce la escala. Sus vinos observan parcelas, alturas y exposiciones concretas en las laderas de la Sierra de Yerga. La bodega trabaja por gravedad en varios niveles y recupera la lógica de las construcciones tradicionales del histórico Barrio de Bodegas.

Mi Lugar 2019 resume esa relación afectiva y geográfica. Tempranillo y Garnacha procedentes de pequeñas parcelas construyen un vino de fruta negra, especias y notas balsámicas que puede acompañar desde cordero hasta carnitas con salsa de pasilla o mole negro.

Ver Queirón Mi Lugar 2019

Rippa Dorii y el cambio de paisaje

En Ribera del Duero, el Tempranillo —conocido también como Tinto Fino o Tinta del País— se enfrenta a otra altitud, otro clima y una amplitud térmica marcada. Rippa Dorii permite comprobar que una misma variedad no repite automáticamente el estilo de Rioja.

Los vinos pueden mostrar una estructura más firme, fruta negra concentrada y una presencia que encuentra afinidad con lechón, costillas, carnes asadas o guisos de cocción lenta. El interés no está en decidir qué denominación es superior, sino en observar cómo cambia la uva cuando cambia el paisaje.

Tres proyectos, una conversación familiar

Ontañón conserva y reinterpreta los estilos de Rioja; Queirón se concentra en Quel y sus parcelas; Rippa Dorii amplía el mapa hacia Ribera del Duero. Rueda añade una lectura blanca y directa del territorio. La diversidad del portafolio evita que la historia familiar se convierta en una sola receta.

Para comenzar, Contrebia muestra una Rioja blanca inesperada. Mi Lugar permite entrar a las laderas de Quel desde un tinto de parcela. Después, una botella de Rippa Dorii hace visible el contraste con Ribera del Duero. La secuencia funciona mejor como viaje que como ranking.

Elegir según la comida y el momento

Una comida de mariscos, arroz o verduras puede abrirse con Contrebia. Para platos de carne, hongos o guisos, un tinto de Rioja ofrece fruta, acidez y una crianza integrada. Cuando la mesa pide mayor estructura, Ribera del Duero puede sostener preparaciones más intensas.

También vale la pena probar dos regiones con el mismo plato. Comparar Rioja y Ribera del Duero junto a cordero o carne asada permite reconocer diferencias de fruta, tanino, frescura y crianza sin depender de una explicación abstracta.

Una familia que entiende el vino como cultura

La fuerza de Ontañón Familia no reside en producir etiquetas idénticas, sino en mantener una misma curiosidad frente a lugares diferentes. Viñedo, arquitectura, arte y memoria se encuentran para dar contexto a cada botella.

Ese contexto vuelve el vino más cercano. No hace falta memorizar denominaciones ni términos técnicos para comenzar: basta servir una copa, mirar de dónde viene y permitir que la comida ayude a descubrir cómo habla cada paisaje.

La historia de Bodegas Murviedro y las variedades mediterráneas continúa el recorrido por otra manera de interpretar el territorio español.

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