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De Cote Bulla Blanco servido con ceviche y tostada de mariscos en una terraza de viñedo queretano

De Cote: una mesa queretana donde caben burbujas, blancos y tintos

Hay bodegas que se entienden desde una sola botella y otras que necesitan una mesa completa. De Cote pertenece al segundo grupo. En Tunas Blancas, Querétaro, el proyecto reúne viñedo, bodega, restaurante y hospitalidad alrededor de un portafolio que pasa por burbujas, blancos, rosados, tintos y un vino generoso.

Esa amplitud permite conocer la región sin reducirla al espumoso. También plantea una pregunta más cotidiana: entre tantas posibilidades, ¿qué botella tiene sentido para la comida y el momento que tenemos enfrente?

Una bodega pensada para quedarse

De Cote se encuentra en Ezequiel Montes, dentro del corredor vitivinícola queretano. La visita combina recorrido por el viñedo, elaboración, gastronomía y espacios donde el vino puede probarse con tiempo. No es casualidad: la hospitalidad forma parte de la manera en que la casa explica sus botellas.

El proyecto de De Cote convierte la comida en una herramienta de lectura. Una copa cambia junto a un queso, una salsa o un plato al fuego, y ese diálogo permite comprender mejor la acidez, la textura y el cuerpo que cualquier lista aislada de aromas.

Querétaro más allá de las burbujas

Los espumosos son esenciales para la identidad del estado, pero De Cote muestra que el semidesierto también puede expresarse mediante vinos tranquilos. Blancos aromáticos, rosados, Tempranillo, Shiraz, Marselan y otras variedades amplían la conversación.

La ruta por los vinos de Querétaro sitúa este repertorio junto al método tradicional de Bodegas Jacques y la mínima intervención de Vinos Barrigones. Tres proyectos cercanos pueden decir cosas completamente distintas sobre el mismo territorio.

Bulla, Atempo e Inédito: tres puertas de entrada

Bulla reúne vinos directos, ligeros y fáciles de llevar a una mesa cotidiana. Atempo avanza hacia expresiones varietales y ensambles con mayor estructura. Inédito ayuda a que la bodega explore perfiles diferentes dentro de la casa.

Los nombres ayudan a orientarse, pero la mejor brújula sigue siendo la ocasión. Un blanco fresco puede abrir la comida; un rosado acompaña platos variados; un tinto de cuerpo medio toma el relevo frente a hongos, carne o sabores ahumados; un generoso pertenece a otro ritmo, más cercano al Para cerrar, y la sobremesa.

Esta variedad también ayuda a organizar una visita como un recorrido. Probar dos estilos en paralelo revela qué permanece de la casa cuando cambian el color, la uva y el método, y qué parte de la experiencia pertenece exclusivamente a cada botella.

Bulla Blanco, frescura para una comida larga

De Cote Bulla Blanco combina Xarel·lo, Macabeo y Viognier. En la copa aparecen toronja, naranja, piña, fruta de hueso, jazmín y azahar. La acidez se siente presente sin dominar, mientras el alcohol contenido mantiene una sensación ligera y amable.

Esa mezcla funciona especialmente bien con sushi, sashimi, ceviche y tostadas de mariscos. También puede acompañar una hamburguesa de atún o platos con aderezos ligeramente dulces: la fruta crea un puente y los cítricos devuelven frescura después de cada bocado.

Sírvelo fresco, no congelado. Una botella demasiado fría pierde aromas y textura; una cubeta con agua y hielo ayuda a conservar la tensión durante una comida larga sin apagar el vino.

Ver De Cote Bulla Blanco

Cuando la comida pide otro peso

Si llegan platos cocinados al fuego, Atempo Tempranillo–Shiraz ofrece fruta, especias y una estructura capaz de acompañar carne, hongos o quesos curados. El cambio no depende simplemente de pasar de blanco a tinto: importan la grasa, la salsa, el picante y la intensidad del plato.

También es posible quedarse con Bulla Blanco durante toda la comida. Los vinos versátiles no necesitan abandonar la mesa al terminar el aperitivo; pueden cambiar de expresión conforme aparecen distintos sabores.

La hospitalidad como parte del vino

De Cote propone que conocer una bodega no termine en observar tanques y barricas. El paisaje, la cocina y la conversación alrededor de la mesa completan la experiencia. Esa idea se traslada a casa cada vez que elegimos una botella pensando en las personas y la comida, no sólo en una ficha de estilo.

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