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La Lomita: Vinos con el Sabor del Valle y el Alma de la Tierra

La Lomita: Vinos con el Sabor del Valle y el Alma de la Tierra

La Lomita reúne vino, arquitectura, cocina y paisaje en el Valle de Guadalupe. Sus etiquetas parten de una idea sencilla —“vinos para gozar”— y encuentran sentido cuando llegan a una mesa concreta.

La familia Pérez Castro construyó el proyecto con la intención de elaborar vinos expresivos y disfrutables. El trabajo enológico de Gustavo González da continuidad a esa búsqueda mediante decisiones de cosecha, mezcla y crianza que cambian según cada etiqueta.

Una bodega pensada como experiencia

En La Lomita, la botella forma parte de un conjunto más amplio. El diseño del espacio, el arte de las etiquetas y la relación con la cocina ayudan a presentar el vino de una manera cercana. Esa puesta en escena no reemplaza al viñedo ni a la elaboración, pero sí explica por qué visitar la bodega se siente distinto a probar una etiqueta fuera del Valle.

La filosofía de trabajo busca cuidar el suelo y acompañar la expresión de las uvas. En la copa, lo importante es observar cómo fruta, acidez, tanino y crianza se integran en cada vino, sin convertir una práctica agrícola en una promesa automática de calidad.

Sacro: profundidad para una comida lenta

Sacro ocupa el registro más profundo de la mesa. La fruta roja madura, las especias y una textura sedosa lo acercan a guisos de cocción lenta, carnes asadas, estofados y quesos maduros. Es una botella para servir sin prisa y seguir durante la sobremesa.

En lugar de reservarlo únicamente para una celebración, vale la pena pensar en el peso del plato. Una salsa concentrada, un adobo o una preparación al horno ofrecen el contexto que necesita para mostrar su estructura.

Pagano: Garnacha con un lado jugoso

Pagano lleva la conversación hacia la fruta y la facilidad de mesa. La Garnacha puede mostrar frutos rojos, especias y una sensación jugosa que funciona con pizza, embutidos, hongos, carnes blancas o una comida informal al centro.

Servirlo ligeramente fresco ayuda a conservar energía, especialmente en días cálidos. Su lugar no depende de un protocolo: puede abrirse cuando se busca un tinto con carácter que no domine la conversación ni la comida.

Cursi y el lado fresco de La Lomita

Cursi y las expresiones rosadas de Grenache muestran otra cara del proyecto. Fresa, sandía, flores y cítricos construyen un perfil que acompaña pescados, mariscos a la parrilla, ensaladas, quesos suaves y cocina mediterránea.

El rosado no tiene que quedarse en el aperitivo. Su acidez y su fruta pueden sostener una comida completa cuando los platos mantienen intensidad moderada y sabores frescos.

Arte, arquitectura y cocina

Las etiquetas de La Lomita dialogan con el arte y convierten cada botella en una pieza reconocible sobre la mesa. En la bodega, esa sensibilidad continúa en la arquitectura y en Lunario, el restaurante dirigido por la chef Sheyla Alvarado.

La visita permite probar el vino cerca de su origen y entenderlo junto a la cocina local. Aun así, no hace falta viajar al Valle para acercarse al proyecto: elegir una botella por el plato y servirla a la temperatura adecuada es una forma suficiente de comenzar.

Cómo elegir dentro de la colección

Para platos de cocción lenta o sabores intensos, Sacro ofrece mayor profundidad. Pagano funciona cuando la mesa pide fruta, especias y agilidad. Los rosados encuentran su lugar con cocina fresca, mar y reuniones al aire libre.

La Lomita no se explica con una sola nota de cata. Su identidad aparece en la relación entre territorio, vino, arte y comida; cada botella muestra una parte distinta de esa conversación.

Continúa explorando

Conoce el territorio mediante la Ruta del Vino en el Valle de Guadalupe y compara otra finca familiar en la historia de Cavas del Mogor.

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